viernes, 29 de agosto de 2008

La casa se nos llenó de moscas.




Glotón, testarudo, temerario, inquieto, omnipresente, instintivo, cascarrabias, parlanchín.... las moscas te temían, tanto o más que mis pantorrillas. Cuando me sentías salir del dormitorio, te agazapabas como buen cazador y en cuanto mis piernas asomaban por el pasillo, las emboscabas por un corto espacio de tiempo, después salías corriendo esperando ser perseguido. Otras veces cofundías mi melena de rizos con las cumbres nevadas del Everest, siéndote imposible evitar la escalada, tengo cicatrices en la espalda que así lo atestiguan. Pero las cicatrices de la piel hace mucho que no duelen, son todos esos huecos, en el tiempo, en el espacio, todas tus ausencias, las que me pesan hasta faltarme el aire.
Ahora sé que estos 70 m2 de reino se te quedaban chico, y por mucho empeño que puse en afianzar las fronteras, no pude, te fallé y ojalá me perdone por no haber sabido mantenerte a salvo, por no haberte alejado de tu mayor ambición, alcanzar las nubes que aparentaban tan cerca desde este noveno piso.
No cerraré este blog, ni cambiaré su nombre porque tu existencia tuvo demasiado sentido en mi vida como para no quede constancia más allá de mi memoria o mi dolor. Gracias por estos dos años, gracias por todos tus recuerdos y tus momentos.

P.D: Florinda no ha dejado de mirar al armario buscando tu silueta.


miércoles, 27 de agosto de 2008

Piscialetto


Creo que durante algún tiempo estaré ausente, mi Piscialetto nos ha dejado por siempre y me duele tanto que no sé como verbalizarlo, así que mejor lo dejaré reposar y cuando crea que todo ha pasado, volveré a lo que llaman "normalidad". Besos a todos aquellos que aunque, poquitos, sé que me sois fieles.

lunes, 18 de agosto de 2008

La curiosidad del gato

Entre todos los juegos de los que puede disfrutar Piscialetto, más allá de meterse en todas las cajas de todos los tamaños, su preferido es traerme objetos de la librería. Si te ve poner algo en ella, sube, lo baja y te lo acerca, como si se tratase de un ejercicio de olvido. Esta vez dejé las argollas en una balda intermedia, pero, ojo, a la más alta también llega ...


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martes, 5 de agosto de 2008

Margharita, un sol en blanco y negro.

Cuando Juan y yo concebimos este blog, fue con idea de mostrar la cara amable de los felinos, no solo de los nuestros, ya que blogs de denuncia existen muchos y mejores. Hay muchos tópicos en torno a los gatos, muchos de ellos no pueden ser más erróneos, como el que un gato callejero no puede adaptarse a la vida hogareña, que son salvajes y ariscos, y ahí tenéis a Flori, que parece haber nacido en los confines de esta casa Lo cierto es que algunos gatos independientemente de donde haya nacido son muy sociables y buscan la compañía humana, les gusta sentirse mimados y seguros bajo techo. Aunque parezca de perogrullo, no lo es tanto, conozco a algunos hermanos de mi Piscialetto que te arañarían de arriba a bajo antes de dejarse coger ... Toda esta seudo-reflexión viene a cuento de que os quiero hablar de Margharita, una gata de dos o tres años, que aunque vive en la calle sueña con tener un hogar y un amito a quien dedicar sus ronroneos. No es un caso especialmente trágico, ya que hay gente que vela por ella, de hecho tiene el chip y está esterilizada (de ello se encargó Raquel a través de una de las campañas de esterilización del Ayuntamiento) y desparasitada (de esto último me encargué yo), además también se le deja agua y comida cerca. Hasta hace poco se refugiaba en un taller de reparaciones de automóviles, de ahí que esté especialmente sucia, sin embargo ya no la dejan entrar y anda como perdida buscando un refugio. Alguna vez se ha quedado encerrada todo el fin de semana en unos almacenes próximos y es fácil encontrarla durmiendo la siesta bajo un coche.
A pesar de todo esto te parte el corazón ver como se te acerca corriendo y se acaricia entre tus piernas, te ronronea y te maulla buscando tu atención. Cuando le das comida primero busca tus caricias en señal de agradecimiento y después empieza comer sin perderte de vista, pero no es desconfianza sino más bien temor a que la vuelvas a abandonar.


Yo ya he cubierto el cupo de animales caseros ... pero quizás alguno de vosotros podríais acogerla o aún mejor, adoptar a este cielo, es algo de lo que no os arrepentiríais en la vida. Tanto amor y dulzura debería tener una recompensa ¿no creéis?.